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Lagartijas medicinales

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Lagartijas medicinales,
remedios americanos y
debates científicos en
la Ilustración
 
Miruna Achim
UAM/Conaculta
México, 2008. 573 p.
   
   
     
                     
                     
 En 1781, José Felipe Flores (1751-1824), catedrático en
me­di­cina en la Real Universidad de Guatemala, publicó un folleto de quince páginas so­bre los usos médicos de la carne de lagartijas. El título no podía ser más prometedor: Específico nuevamente descubierto en el Reyno de Guatemala, para la curación radical del horrible mal de cancro y otros más frecuentes. El “es­pecífico” —especie que no está mezclada con ninguna otra—, reportaba Flores, era un re­me­dio tradicional entre los indios de San Cristóbal Amatitan (hoy Amatitlán), un pueblo en la región occidental de Guatemala. El tratamiento con lagar­tijas llegó a la atención de un sacerdote local cuando una jo­ven indígena, quien tenía el cuer­po cubierto de “bubas” y había sido abandonada por su marido, se curó exitosa­men­te después de ingerir unas cuantas lagartijas. El mismo es­pecífico fue luego empleado para aliviar la “llaga can­cro­sa” que tenía muy afligido al catalán don José Ferrer, residente de la ciudad de Guatemala. Fue en ese momento que José Felipe Flores supo del novedoso medicamento y decidió divulgarlo.

No es fácil concluir, con base en el texto del Específico, si Flores observó personal­men­te el uso de las lagartijas entre los indios de San Cris­tó­bal Amatitan o si participó en el tratamiento con lagartijas de Ferrer o de otros pacientes. Lo que sí es indudable es que Flores, nacido en Ciudad Real, Chiapas (ciudad que contaba, y cuenta hoy, con una fuerte presencia indígena), mostró, en varias ocasiones, la capaci­dad de conjugar su práctica mé­dica innovadora con la sen­si­bi­li­dad y el interés hacia los usos y las tradiciones medici­na­les y culturales indígenas. Des­taca, en este sentido, su par­tici­pación en la campaña de inoculación contra las vi­rue­las en los altos de Guatemala (donde se encuentra Amati­tlán) en 1779-1780. Unos años des­pués, en su Instrucción so­bre el modo de practicar la inocu­lación de las viruelas y método para curar esta enfermedad, acondicionado a la naturaleza y modo de vivir de los indios (1794), Flores demuestra, (co­mo lo indica el título) una inu­si­tada conciencia de que el éxi­to de la campaña dependía en gran parte de aplicar la vacuna en consonancia con las costumbres y creencias de las po­blaciones indígenas que se­rían inoculadas. Así, el médico acon­se­ja­ba que la administración de la vacuna se vinculara íntimamente con celebraciones y ritos religiosos: que fuera traí­da a los pueblos en com­pañía del sacerdote local o que éste instara a los padrinos de bautizo de un recién nacido para que volviera a presentar al niño para que fuera inoculado, por ejemplo.

Es precisamente este tipo de conocimiento situado en el es­pa­cio-tiempo y dentro de es­truc­tu­ras socio-culturales espe­cíficas, lo que Flores aporta en su breve Específico sobre el remedio de las lagartijas. Así, después de reunir algunas no­ti­cias sobre el uso exitoso de las lagartijas y de describir las es­pe­cies de lagartijas ideales ­pa­ra usos medicinales, Flores in­clu­ye instrucciones puntuales para administrar el remedio, insistiendo en que el mejor mé­todo era el de los propios indios, quienes “no saben gastar en melindres”. Al contrario: “To­man una Lagartija, y con diestra ligereza la cortan la cabeza, y cola. Inmediatamente les extraen los Intestinos, y de un tirón les arrancan la pielezilla. En este estado, cruda, la carne aun caliente, y en toda la vitalidad posible, la mascan, y tragan con gran serenidad. De es­te modo se tragan una Lagartija cada día. Dicen que suele bas­tar una, y si no, toman hasta tres; asegurando que por este medio han sanado siempre de las llagas, y las bubas, enfermedad endémica de aquel Pueblo”.
 
Para los “melindrosos”, de gustos delicados y aversiones pronunciadas, Flores hace algunas concesiones: “Para hacer menos desagradable el re­medio, e imitar el método de los indios, inmediatamente que se ha arrancado la piel a la La­gartija, con la misma cu­chilla se pica la carne, y los hue­sos, que son muy tiernos: se hacen píldoras, se envuelven en oblea, y se administran al enfermo. Una Lagartija da car­ne para dos píldoras, poco menores cada una que una ­bala de fusil. Todo se ha de ha­cer con la brevedad posible, para tomar la carne lo más viva que se pueda, según el método de los Amatitanecos”.
 
En otras palabras, sea que el paciente se envalentonara a masticar directamente una lagartija aún caliente y pulsan­te o que disimulara el sabor con el de las obleas, lo que im­portaba para la eficacia del es­pecífico era sobre todo imitar, dentro de lo posible, “el método de los Amatitanecos”.

Después de tratar estos as­pectos más prácticos del tra­ta­miento médico, Flores dedica unos párrafos, hacia el final de su Específico, a ofrecer algu­nas hipótesis sobre las cau­sas de las calidades tera­péu­ti­cas de las lagartijas. Los efectos producidos por las lagartijas —calor corporal excesivo, babeo y sudoración— los clasificaban como estimulantes, al lado de cier­tas mezclas de antimonio y mercurio, las cuales se empleaban contra enfermedades venéreas.

Pero, mientras estas composiciones requerían de precauciones muy escrupulosas por parte de los médicos, la car­ne de las lagartijas era prác­ti­camente inofensiva. Flores con­cluyó su pequeño cuaderno proponiendo que se hicieran más investigaciones sobre la composición química de las lagar­tijas, su diferenciación de gé­nero, sus modos de ge­ne­ra­ción, su conservación y, ob­viamente, sus efectos sobre el cuerpo humano. Para estos propósitos, Flores pretendía man­dar una caja con seis la­gar­tijas vivas al Real Gabinete de Historia Natural en Madrid.

No se sabe si José Flores mandó o no los seis especí­me­nes a Madrid, o si éstos so­bre­vi­vieron a su largo cruce tras­atlántico para ser administradas calientes y vivas a pacientes españoles o para ser empleados en otros tipos de experi­men­tos. Lo que sí sabemos es que el Específico de Flores gozó de cierta celebridad en Europa.
 
La aparición del Específico de Flores en la Ciudad de Mé­xico causó una sensación instantánea. Como ningún otro remedio anterior en la historia de la Nueva España, el Específico de las lagartijas se volvió objeto de investigación y con­flicto entre dos poderosas ­ins­tituciones: el Cabildo de la ciu­dad de México y el Real Tribunal de Protomedicato.

El presente libro tiene como propósito presentar, por un lado, los documentos originales más representativos de los de­ba­tes mexicanos sobre las lagar­tijas y, por otro, un estudio introductorio que pretende situar estos debates en sus con­textos. chivichango97
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Fragmento de la Introducción
 

 

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Achim, Miruna. (2010). Lagartijas medicinales. Ciencias 97, enero-marzo, 74-75. [En línea]
     
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Reinterpretando a Darwin

 

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  B7

 
Deconstruyendo a Darwin.
Los enigmas de la evolución
a la luz de la nueva genética.
 
Javier Sampedro
Colección Drakontos,
Editorial Crítica,
Barcelona, 2002.
   
   
     
                     
                     
     
Por supuesto hay una buena cantidad de libros sobre evo­lu­ción biológica y sobre su fi­gu­ra central: Charles Darwin. Sin em­bargo hay pocos que ha­yan sido escritos por biólogos moleculares que luego se dedicaron al periodismo científico. Javier Sampedro, quien ­hiciera un doctorado y durante mucho tiempo realizara investigación básica, incluida una es­tancia en Cambridge y publi­cado artículos en reconocidas revistas como Nature, publicó en el 2002 este ilustrador y cues­tionador libro en que in­siste en que la evolución molecular permite mirar a asuntos como “el progreso” desde un ángulo más sensato.

Sampedro afirma que Dar­win escribió las páginas más bri­llantes en la historia de la bio­logía y tuvo la mejor idea de la historia: la evolución por se­lección natural, una explicación de nuestra presencia en el uni­verso que fulminaba la ne­ce­si­dad de dioses, diseñadores y es­pectros, y entregaba a la hu­manidad las riendas de su pro­pio destino.

Sin embargo, dice Sampedro, la idea de Darwin es im­per­fecta: un magnífico intento inicial de atacar el problema de los orígenes, pero formulado antes de que se descubrieran las más elementales leyes de la genética, de la estructura celular, de la biología molecular y de prácticamente cualquier rama actual de las ciencias de la vida. Que así es se ha he­cho patente a lo largo del último siglo y medio, uno de los perio­dos más vertiginosos y re­ve­lado­res de la historia del co­no­cimiento biológico, y mucho más aún durante las dos úl­timas décadas, en las que la ge­nética ha puesto patas arriba nues­tras más arraigadas preconcepciones sobre la evolución de sus fuerzas.
 
De todas estas cosas, y de muchas otras más (como los orígenes de la primera célula moderna, de los animales, de la ciencia y del lenguaje), ha­bla este espléndido libro, del que uno de los protagonis­tas de esa revolución genética, Gi­nés Morata, escribe en el pró­logo: “Con un estilo directo y sim­ple —la sencillez del ex­per­to—, Javier Sampredro ha elaborado una síntesis de todas las teorías clásicas de la evolu­ción y sus mecanismos a la luz de los nuevos conocimientos proporcionados por la biología en las últimas dos décadas. Aquí se funden el darwinismo estricto y el neodarwinismo, la explosión del Cámbrico con los genes Hox, las migraciones de los primeros seres humanos modernos con los últimos datos de secuencias de adn, la genética de poblaciones con la biología molecular, la bio­lo­gía del desarrollo con la paleon­tología, la antropología con el genoma humano.

La cultura del siglo XXI va a ser una cultu­ra científico-técnica, y hechos como los expuestos en este li­bro han de formar parte del ba­gaje cultural de toda persona curiosa e informada”.chivichango97
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Sampedro, Javier. (2010). Reinterpretando a Darwin. Ciencias 97, enero-marzo, 76. [En línea]
     
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La persistencia de la memoria vi

 

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La persistencia de la memoria VI
 
Carlos Aguilar Gutiérrez y
Aline Aurora Maya Paredes
   
   
     
                     
                     
08
082
 
  articulos  
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Carlos Aguilar Gutiérrez y Aline Aurora Maya Paredes
Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de Mexico.
 

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Aguilar Gutiérrez, Carlos y Maya Paredes, Aline Aurora. (2010). La persistencia de la memoria VI. Ciencias 97, enero-marzo, 78-79. [En línea]
     



 

 

 
 
 

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